Hola a todos los inconscientes, curiosos o despistados que, por h o por b hayáis venido a parar a este espacio que he creado para regurgitar mi conciencia si es preciso. Fuera de típicas jergas introductorias, lejos de palabras de protocolo, espero que el viajero disfrute de su pérdida, si así lo pretende, en este lugar para desahogar penas y esbozar deseos y sueños; para compartir desgracias e ilusiones .

Saludos desde el mundo invertido.

José Costa

viernes, 6 de abril de 2012

Un niño es.


El niño que se va haciendo adulto, muere. Muere como niño, como entidad de niño, como “concepto” , si se pretende. Un niño es algo así como una novela por escribir; algo así como la veleta que se agita incesante y se arremolina dentro del pecho. Un niño es una tormenta dulce. Es todo lo que aún no es.
  El niño se hace adulto y muere, definitivamente. La pena, sin embargo,  consiste en volver a ser niño; en sentirse niño al cabo de los años y morir un poco más cada mañana, frente al espejo, contemplando cómo se nos escapa lo que fuimos, cómo dejamos de ser a cada instante. Cómo añoramos el tiempo que nos olvida. 

1 comentario: