Hola a todos los inconscientes, curiosos o despistados que, por h o por b hayáis venido a parar a este espacio que he creado para regurgitar mi conciencia si es preciso. Fuera de típicas jergas introductorias, lejos de palabras de protocolo, espero que el viajero disfrute de su pérdida, si así lo pretende, en este lugar para desahogar penas y esbozar deseos y sueños; para compartir desgracias e ilusiones .

Saludos desde el mundo invertido.

José Costa

jueves, 5 de abril de 2012


La estrella más lejana.

Había comenzado a llover, y las calles, impregnadas por la leve brisa mojada del otoño, me hacían volver a la infancia que la guerra me robó. Recordaba largas tardes pintadas de verde, bañadas por el morir del sol. El cobrizo añejo de la madera que a veces cantaba con el viento. Recordaba la voz de mi padre a la luz de la noche,  acariciándome los oídos con viejas historias sobre lo que el llamaba  pasado. 
  Y, aunque nunca llegué a comprender muy bien lo que quería decirme, me encantaba soñar despierto entre sus brazos; escuchando lento el cálido sonido de sus cuerdas vocales mientras ambos nos perdíamos en el complejo bailar de las estrellas que, según contó mi padre una vez, se movían a con una rapidez pasmosa, y tenían un tamaño superior a todo cuanto pudiera imaginar. “No dejes nunca de buscar respuestas”, solía decirme sentado frente al fuego, “No dejes que te las cuenten hijo, la verdad es algo que solo tu debes descubrir”.

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