Hola a todos los inconscientes, curiosos o despistados que, por h o por b hayáis venido a parar a este espacio que he creado para regurgitar mi conciencia si es preciso. Fuera de típicas jergas introductorias, lejos de palabras de protocolo, espero que el viajero disfrute de su pérdida, si así lo pretende, en este lugar para desahogar penas y esbozar deseos y sueños; para compartir desgracias e ilusiones .

Saludos desde el mundo invertido.

José Costa

martes, 10 de abril de 2012

Una orilla del camino.



Una flor empieza a romperse, aprovechando los últimos rayos del sol, dejándose acariciar por ellos mientras se despereza, lentamente, solitaria en una en una orilla del camino. A su lado un pequeño escarabajo arrastra trabajosamente su bola de mierda, tan grande que casi lo supera en tamaño por dos veces. Intenta subir un peñón aislado, cerca de la florecilla, pero la bola siempre acaba cayéndose. Vuelve a probar. Ahora parece que lo consigue, incluso parece haber avanzado un poco más en su hercúleo esfuerzo por llegar a la cima, y aunque ha vuelto a caer, por más que el viajero lo observe pataleando inútilmente en el suelo, rendido ante la fuerza de la gravedad, en el fondo sabe que está cada vez más cerca; que incluso, probablemente, la primera cima que hubiera divisado, no fuera esta misma cima que ahora persigue y que se le va escapando con  cada centímetro ganado a la piedra.


  Todos nos caemos alguna vez de la cima sin haberla conquistado, sentimos, de algún modo, que todo se nos vuelve como lejano. Para colmo las grandes bolas de mierda. Tan grandes se hacen que la mayoría de las veces acaban por pringarnos, por sepultarnos en los deshechos de los demás y  los nuestros propios, sobre todo en éstos últimos, que son, a su vez, la mierda del otro.


  Tras un momento de observación, a la espera de que el insecto dé alguna muestra fiable en aquélla empresa de subir el peñón, el viajero de las preguntas extrañas, el mismo que se rasca la cabeza y la nariz, el mismo que duda ante la disgregación de los caminos, este mismo, concluye en que no merece la pena andar siempre anegado de mierda subiendo cuestas. No hay necesidad de salir del fango si al final volvemos al fango. Si al final no somos sino el propio fango.

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